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El plátano

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Hace unas semanas les pedí a mis alumnos universitarios que trajeran el material para la siguiente clase: un plátano. Lo primero que me hizo sonreír fueron sus caritas de What? Sí, un plátano. ¿Cómo? Va de nuevo: traigan a clase un plátano. ¿Qué plátano? Ah, bueno: debe ser tabasco o macho, nada de dominicos ni morados y tampoco seda, si es que lo venden en la ciudad, y que sea un poco verde por favor.

Nadie se atrevió a preguntarme para qué. Dudo se imaginaban lo que los esperaba.

El día de la “clase tropical” llegó, y con ello los chicos con sus bananas. Con toda naturalidad les entregué mecate y tijeras, pidiéndoles que lo ataran a su plátano de acuerdo con ciertas medidas y técnicas de amarre. Después de cerciorarse que la fruta quedara bien sujetada, los organicé en parejas de acuerdo a criterios precisos: que su compañero no fuera alguien con quien tuvieran mucho contacto.

¿Todos listos? Sìiii. ¿Para qué, maestra? Pues qué creen: ahora van a pasear por el campus con el plátano, como si fuera una mascota. ¿Que quéeeee?!? Así como lo escucharon.

Les especifiqué por cuánto tiempo, que tenían que traerlo siempre en una mano (no podían por ejemplo amarrarlo a su pantalón) y que estaban obligados a pasar por áreas públicas: cafeterías, centro de cómputo, y sobre todo el temido “cenote”, el centro del campus por donde todos, absolutamente todos transitan.

Mientras tanto yo los iba siguiendo, procurando carcajearme bajito ante las reacciones pasmadas del alumnado y disfrutando -sádicamente, lo confieso- de cada instante de incomodidad y burla.

The banana experience o experiment es una técnica implementada por el gran psicólogo y psicoterapeuta Albert Ellis ((Según una encuesta realizada entre profesionales de la psicología de EE. UU. y Canadá, como uno de los tres psicoterapeutas más influyentes de la historia, delante de Sigmund Freud y detrás de Carl Rogers.)) (1913-2007), padre de la Terapia Racional-Emotiva y uno de los teóricos más importantes de las terapias cognitivo conductuales. La utilizaba con sus discípulos, terapeutas en formación, quienes debían pasear el plátano solos por la ciudad de New York, incluyendo lugares como el metro. Es una técnica de shock que pretende trabajar la vergüenza y la ansiedad social.

Pero para fines de una clase cuyos objetivos están muy alejados de la psicoterapia, aporta mucho más.

Objetivo 1. Romper con el paradigma de la soberbia intelectual.

Los chicos de hoy están acostumbrados a querer entenderlo todo. Y si no lo entienden, les parece inútil y tonto. Varios de los alumnos que pasearon el plátano por el campus universitario donde estudian lidiaron con el enojo de tener que hacer algo que no comprendían. Y mientras más respuestas buscaban, más frustración les generaba.

Conclusión: comprendieron que el aprendizaje no es necesariamente una experiencial intelectual ni mucho menos algo que tengan que comprender de antemano. El proceso de comprensión puede partir de una experiencia social, kinestésica y hasta racionalmente absurda como “pasear un plátano”, y hay que vivirlo para entenderlo.

Objetivo 2. Romper con el hábito de cuestionarlo todo

Sí, porque los chicos de hoy no sólo lo quieren entender todo: tienen una opinión hasta de lo que no saben. Y todo lo cuestionan, sobre todo lo que tiene que ver con actividades académicas (resultado, en general, de una pobre educación paternal, pero ésta es otra historia).

Conclusión: entendieron un poco más la importancia de seguir instrucciones sin cuestionarlas, y de confiar en alguien cuya indicación es dada por su propio bien. Y -aún más- tocaron con mano el hacer algo porque una autoridad se lo pide. Aprender a hacer ciertas cosas sólo porque sí representa una gran lección de vida, y se encuentra a la base del sentido de autoresponsabilidad, además de la filosofía básica del trabajo.

Objetivo 3. Romper el miedo al cambio.

El forzarlos a salir de su zona de confort los enfrentó a sus propias emociones ante el cambio, a su capacidad de adaptación a lo nuevo, acompañadas en algunos casos hasta por un micro proceso de duelo. Algunos atravesaron por etapas de shock, ira, negación y frustración en pocos minutos, para luego aceptar que hacer algo nuevo y hasta absurdo, no es tan terrible como suelen pensarlo antes de hacerlo. ¡Y hasta se puede disfrutar! Lo que surgió de este objetivo fue la tarea de atreverse a hacer algo nuevo en los siguientes días. ¿El resultado? ¡Espectacular! Desde quienes probaron un platillo exótico, quienes se enfrentaron a su padre por primera vez y quienes se acercaron a la chica que les gustaba. Todos para comprobar que …no pasa nada.

¿Quién se hubiera imaginado que un plátano encerrara tantas cualidades?